Moción de censura, nuevo Gobierno y La Izquierda

Valga en primer lugar y por delante, nuestro apoyo a la Moción de Censura. Creo que para cualquiera que se sitúe en la izquierda, incluso para cualquier progresista, se han acumulado en este ciclo político, económico y social, suficientes argumentos para desear y necesitar un cambio de Gobierno.

Por otra parte, cambiar de protagonistas y cortar el avance de la derecha es una obligación de cualquier formación que se reclame de izquierdas. Sin que se entienda como equidistancia que no tenemos, por el rechazo a los independentistas y al derecho a decidir la independencia, llevamos tiempo con dos protagonistas enquistados, el gobierno del PP, que una vez aplicado el artículo 155 dejó en manos de jueces y fiscales la defensa del Estado y los independentistas viviendo permanentemente el día de la marmota provocando e incidiendo en lo mismo que hizo estallar el conflicto  cuya primera consecuencia ha sido cercenar y tapar cualquier conflicto social o reivindicación por muy multitudinaria y muy justa que esta fuese, y una organización como Ciudadanos cada vez más nacionalista, más neoliberal en los postulados económicos y sociales y haciendo del oportunismo en la coyuntura, su práctica habitual en la acción política.

Y el resultado global de todo eso, no era nada malo para la derecha (la vieja y la más vieja) dada la expansión de su hegemonía política que todas las encuestas traducían a escaños y a mayorías parlamentarias amplias a costa de una representación raquítica de la izquierda, y lo que es más grave, la socialización de que la alternativa a la derecha era otra derecha aún con menos sensibilidad social. Así pues, cortar la expansión de la derecha y frenar a Ciudadanos eran razones por sí solas de suficiente peso para la Moción de Censura, aunque ésta no triunfase como pensábamos la mayoría de la población, incluidos aquellos que la hicieron posible.

LA MOCIÓN DE CENSURA SALIÓ ADELANTE

Fallaron todas las previsiones y el rechazo a Rajoy y al Partido Popular, sólo Iglesias compite con él en este aspecto, con sentencia o sin sentencia, hizo de pegamento programático para la mayoría del Congreso que la votó. Un PNV aislado de sus aliados nacionalistas en el resto del Estado no era una opción deseable, ni siquiera a costa de muchos recursos presupuestarios y aún caliente el regalo del cupo vasco, verdadera llave de entrada a la alianza del norte con el Gobierno del PP.

Esa alianza de rechazo fue suficiente para ganar la moción de censura. Una alianza transversal sin un programa común, con intereses antagónicos y en muchos casos contrapuestos.

La moción no sólo visibiliza el protagonismo del PSOE a lo largo de las sesiones, sino el deterioro del proyecto que explicita Ciudadanos, enfrentado con todos los grupos, incluidos los del “no”, y objetivo a batir del resto de fuerzas políticas por su actitud cada vez más radical en los temas territoriales y el oportunismo permanente. Así pues el objetivo fundamental, detener la expansión de la derecha y fijar la base social y electoral de la izquierda estatal no populista, estaba cumplido.

Pero lo realmente brillante han sido las secuencias vividas posteriormente en la elección de los miembros del gobierno. Diez días de iniciativa mediática por parte del PSOE y diez días de crisis en la derecha, de afrontar un nuevo ciclo en el PP y de actualizar su estrategia Ciudadanos, desde el silencio más absoluto. El resultado ha sido un gobierno potente, monocolor y con un equilibrio entre capacidad de gestión y capacidad política, que no siempre van de la mano, y que aún ha descolocado más, no sólo a Ciudadanos, sino a Podemos, que fluctúa entre una oposición dura y cambio de opinión sobre los presupuestos desdiciéndose de lo afirmado por Iglesias en su intervención parlamentaria (ya no se lo tragan ni con patatas ni con Txakolí) y una colaboración que le permita rentabilizar determinadas decisiones con la vehemencia y el descaro con el que habitualmente lo hacen. A sabiendas de que si algo no puede hacer Podemos es dejar caer al Gobierno, porque la alternativa de adelanto electoral sólo beneficia aún a Ciudadanos y ya se sabe “Quien rompe, paga”

Un gobierno fuerte que ayuda al PSOE a fortalecerse en lo interno y da el mensaje de que la única alternativa viable del centro izquierda viene de su mano.

Conviene que relativicemos la capacidad de realizar políticas progresistas con esta correlación de fuerzas en el eje izquierda/derecha y en el territorial. Pero serán gestos que alumbren que este país puede tener alternativas en la izquierda con una sensibilidad más pegada a la gente y determinadas decisiones, pensiones, vivienda, ley mordaza, derechos y libertades… ya acordados en el Congreso y que sólo necesitan la voluntad de desarrollarlas.

EL CICLO ELECTORAL

Todo apunta que este gobierno será el que aborde el ciclo electoral independientemente del día exacto de las Elecciones Generales, casi nadie duda que serán una vez realizadas las elecciones autonómicas, municipales y europeas. Es decir, el gobierno acabará el ciclo electoral y lo hará desde la gestión del Estado con dos necesidades claras: Ampliar su base social y electoral y articular un proyecto de mayoría social de carácter progresista y que inicie las profundas reformas necesarias que los gestos en este período deben anunciar. Para ambas cosas debemos tener disposición.

La Izquierda garantiza la ampliación de la base social y electoral y puede hacer posible la victoria electoral en algunas circunscripciones importantes y especialmente en Madrid. Si antes era necesario para concentrar todo el voto de izquierdas no populista, hoy se hace imprescindible. Para que el gobierno del PSOE tenga futuro debe ganar las elecciones.

Pero La Izquierda también debe orientar una buena parte de las políticas de transformación que el Gobierno esté dispuesto a realizar.

Por último, reafirmar que se abre paso nuevos retos y que el papel de la izquierda en España y en Europa vuelve a ser una realidad solvente para impulsar el cambio que la mayoría social demanda.

Artículo de opinión escrito por: Miguel Reneses González Solares

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