Apuntes sobre las Elecciones Generales del 26-J

“La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación – apertura.”

Este, tan pedante como cursi tuit, lo escribió Iñigo Errejón el 19/06/2015 desde Atenas cuando participaba en un encuentro organizado por Syriza, que ya gobernaba en Grecia aplicando las medidas draconianas que le dictó la Troika, después de la claudicación de Txipras.

Veamos la presentación que hace del personaje, la web oficial de Podemos:

Íñigo Errejón (Madrid, 1983) es Doctor en Ciencias Políticas y de la Administración por la UCM, con sobresaliente Cum laude y mención europea, con una tesis doctoral sobre la construcción de hegemonía del MAS en Bolivia. Ha sido investigador visitante en Grecia después diferentes universidades, (UCLA, Los Ángeles) y europeas (UU, Utrecht y UNIBO, Bolonia). Actualmente es investigador postdoctoral en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (Madrid). Entre sus temas de estudio destacan la democracia y el conflicto político, el análisis del discurso y la hegemonía, los procesos de cambio político y transformación estatal en Latinoamérica, sobre los que ha escrito diferentes libros y artículos. Colabora regularmente con diferentes medios de comunicación y análisis. Es director de campaña.

Debemos, pues, entender que este Doctor con sobresaliente Cum Laude y mención europea es el responsable de contenidos de la campaña electoral de Podemos del 26-J, en tanto que “Director” (figura muy empresarial) de campaña.

¿Cuál ha sido su eje conductor?

En lugar de radicalizar a nuestra base social, tras un programa firme de cambios sociales que deberían garantizar unas condiciones de vida dignas, se ha apostado por un discurso de diseño y sin ideología, presentado en términos de marketing comercial, abusando de los platós de televisión como plataformas de expresión.

En el momento, que la presentación de una opción política, se vende como una mercancía de forma entusiasta en la sociedad del espectáculo, los “clientes” pueden decidir no “comprar”.

Han querido aparecer como moderados y “dentro del sistema” manifestando ser una fuerza socialdemócrata.

Esta puesta en escena ha tenido su paroxismo en el elogio a un personaje que hizo la reforma “exprés” de la Constitución para priorizar el pago de la deuda a la financiación de los derechos sociales.

“Zapatero es el mejor presidente de la democracia” “Le consulto con frecuencia porque su opinión me importa” son algunas de las perlas (ha habido bastantes más) que han sonrojado a muchos de los que hemos luchado por conquistar estos derechos.

Con esta actitud oportunista, el efecto, a mi entender, ha sido el contrario del buscado por el “Director de Campaña”: para la derecha seguíamos siendo “rojos peligrosos” “chavistas” “peronistas” y “populistas” todo ello con piel de cordero y NO HAN SIDO CAPACES DE ENTUSIASMAR Y MOVILIZAR A UNA PARTE IMPORTANTE DE LOS NUESTROS.

La actitud de escudero entusiasta y sin discurso alternativo de Garzón es corresponsable de esta desmovilización de los apoyos.

En su subordinación a Iglesias, llegó a definirse como socialdemócrata del 1848, escondiendo que la socialdemocracia del siglo XXI es la que cogobierna con Merkel en Alemania o legisla, autoritariamente, por decreto en Francia (obviando la Asamblea Nacional) y que ha incendiado el país galo con la resistencia de la clase obrera, que lucha con tanta intensidad como convencimiento de que la gran mayoría de la población les apoya

Los doctores en el concepto de “hegemonía” la han limitado a poco más, que la capacidad para vender un programa electoral. Este sucedáneo de la hegemonía es tan volátil como hemos podido comprobar el 26-J.

O nos damos cuenta de los límites de las elecciones y que después de las citas electorales, hay mucha lucha de clases, mucha organización para precisamente construir mucha hegemonía, o nos convertimos en un “producto” más que “vender” encerrados en un eterno bucle electoralista.

Ahora tratan de cargar las responsabilidades de su fracaso a los sectores de IU “críticos” con el pacto: sector Cayo Lara y sector Llamazares, inventándose, incluso, que en los ámbitos territoriales en los que, supuestamente, son mayoría el voto anterior de IU se ha ido a la abstención.

Para ello tienen muchas complicidades, es vergonzoso ver a los herederos de Manuel Sacristán (ese sí verdadero experto en Gramsci) escribir en su revista Mientras Tanto:

“Por decirlo todo: dos sectores de Izquierda Unida parecen haber puesto palos en las ruedas al proyecto unitarista, sensato, de Garzón: el sector agrupado en torno a Cayo Lara, conservador de unas supuestas esencias de IU con las que no hay nada que hacer, y el sector de Llamazares, la derechísima de IU, que siempre ha buscado entenderse con el Psoe. Ambas han obrado como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. El proyecto de Garzón debe seguir adelante, fundamentalmente porque es necesario, porque Unidos Podemos, En Comú Podem, etc., representan una orientación substancialmente correcta.”

Esto se acompaña de la ausencia de cualquier crítica a la campaña oportunista e impostada de Iglesias-Errejón con su escudero Garzón. Cosas veredes.

Ahora vendrán las depuraciones de las que Garzón ya es experto (5.800 militantes depurados en la Comunidad de Madrid): destruir la posible organización del sector encabezado por Paloma López y aplastar al sector Llamazares, ya muy debilitado.

Posteriormente diluir Izquierda Unida en un nuevo sujeto político que será simplemente Podemos o cambiará el nombre para ser lo mismo.

Es la apuesta de Iglesias y Garzón (la carta que ha enviado a la militancia es transparente en este objetivo).

De la capacidad de organización del sector de Paloma y de su reconciliación con el nuevo partido de La Izquierda, que agrupa principalmente a los depurados de Madrid, depende que los luchadores de siempre, que somos claramente anticapitalistas, tengamos un referente político. Así sea.

Artículo de Joaquín Callejón Plaza.

Ex-Secretario de la Federación Estatal de Energía de CCOO y era miembro de la Comisión Ejecutíva de la Confederación.

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